Los movimientos lentos, como los del Tai chi o el Kum Nye, no son la única manera de llegar a la conciencia corporal. También puede alcanzarse practicando ejercicios más dinámicos como correr, nadar, ir en bicicleta o esquiar, siempre y cuando los hagas con la actitud correcta. Lo importante es considerar el ejercicio elegido como un medio para explorar las capacidades del cuerpo y profundizar la relación con uno mismo, y no como un reto o una medida autodisciplinaria. En otras palabras, se trata de no ser severo contigo mismo y de moverte sin esfuerzo y sin afán de competir. El ejercicio debe ser un placer, no una prueba de resistencia para comprobar la velocidad o la distancia de que eres capaz.
Correr es una manera excelente de ponerte a tono con tu cuerpo. Correr es más que un deporte: es una forma de meditar, una manera de conocerte a ti mismo. Correr es moverse internamente para alcanzar la paz y la tranquilidad. Cuando corras siente la tierra bajo tus pies y tu vínculo con ella. Puedes utilizar la visualización para controlar mejor el proceso físico y mental y para ampliar tus horizontes. Puedes correr todo lo que quieras y a la velocidad que prefieras.
Dar el primer paso para comenzar a “estar en forma” es lo más difícil, pero es posible mantener las buenas intenciones del principio. Si dejas que tu cuerpo determine el tipo, la velocidad, la frecuencia y la duración de la carrera, y descartas desde el primer día cualquier expectativa sobre “cómo debo hacerlo”, descubrirás que algo en ti desea echarse a correr.
Correr con regularidad tiene muchos efectos positivos para la salud: adelgaza, aumenta la fuerza y el tono muscular, fortalece el corazón, mejora la circulación, beneficia a la piel y ayuda a dormir mejor. Es igualmente beneficioso para la salud mental, espiritual y emocional. Por supuesto, correr puede ser duro, pero la mayoría de las veces es divertido, un juego con el que disfrutar. Al cuerpo humano le gusta moverse, bailar, viajar; correr te hará gozar de esa alegría intrínseca que todos llevamos dentro, el placer de estar vivo y en movimiento.
En este texto encontrarás algunos consejos para encontrar tu propia manera de correr. Con estos elementos básicos podrás comenzar con buen pié, evitar eventuales lesiones y asumir una actitud y una disposición de ánimo que te permitirán disfrutar cada vez que corras. Mientras leas este texto imagínate que ya te has puesto la ropa deportiva y estás listo para salir, qué haces los ejercicios para entrar en calor, que sales corriendo a campo abierto y que experimentas nuevas sensaciones con la respiración, la visualización y el enraizamiento. Piensa en lo que sentirás después de correr: los latidos del corazón, el calor de las extremidades, el sudor de la piel. Repasa, tranquilamente todas las dudas, los miedos y las excusas que tu mismo inventas para justificar que este ejercicio no es eficaz para ti. Luego, después de ventilar todas las resistencias, vuelve a leer el capítulo, imagínate otra vez que haces el precalentamiento y corres. Tú eres quién crea la calidad de tus experiencias.
Disfruta corriendo con el cuerpo relajado, consciente de tu cuerpo y tus movimientos. Entre zancada y zancada estarás en el aire, volando.


