
Tal y como sugiere un estudio realizado por científicos de la Universidad Emory, en Estados Unidos, han investigado la relación entre las horas de sueño y el crecimiento de los niños, entre otros factores, demostrando que los «estirones» que se producen de forma repentina están directamente relacionados con un aumento de las horas que duerme el niño, como ocurre en periodos de enfermedad o de fiebre.
En concreto, el 43 % de los bebés experimentaba un pequeño «estirón» en las épocas en las que había una siesta «adicional» o no habitual, y uno de cada cinco crecía también en cada periodo en el que dormía una hora más de lo habitual.
¿Cuánto debe dormir (en promedio) mi hijo?
Cada fase del desarrollo por la que pasa un niño somete al organismo a tensiones distintas. Basadas en estas fuentes de estrés o de tensión existen una serie de normas generales sobre el número de horas de sueño que son necesarias para lograr un crecimiento y un desarrollo óptimos en cada periodo. Sin embargo, las necesidades de cada niño variarán ligeramente dependiendo de cuáles sean las rutinas familiares, las normas culturales y las características intrínsecas del niño.
• 2-5 años: Por lo general los niños de entre 2 y 5 años duermen unas 11-12 horas por la noche y se echan una siesta de 1 o 2 horas después de comer.
Cada fase del desarrollo por la que pasa un niño somete al organismo a tensiones distintas
• 6-12 años: Los niños de 6 años duermen unas 9,5 horas por noche. Esta cantidad va disminuyendo ligera y paulatinamente a medida que el niño va creciendo y se acerca a los 12 años.
• Adolescencia: Los adolescentes necesitan unas 8 o 9 horas de sueño por noche.
Cómo conseguir que los niños se vayan a dormir y disfruten de un sueño reparador
Para dormir bien es necesario disponer de un entorno en el que el niño pueda ir pasando por las distintas fases del sueño sin sufrir interrupciones. Para propiciar un sueño de buena calidad, el lugar en el que el niño duerme ha de estar oscuro, tranquilo y sin ruidos y no debe hacer demasiado calor. Tener una rutina y unos horarios regulares para levantarse, para echarse la siesta y para irse a dormir también ayudan al niño a preparase para el sueño.
En lo que respecta a las actividades que se realizan antes de irse a la cama, lo mejor es que sean tranquilas: contar cuentos o historias que no den miedo, jugar a algo tranquilo o leer. Es importante que los niños y adolescente no tengan teléfonos, tablets, ni ordenadores en sus habitaciones por la noche. La luz azul que sale de la pantalla estimula el cerebro e interfiere con el sueño.